Finalmente, hay que decir que todavía más aparentemente paradójicos para comprender los designios divinos son estos dos hechos:
- El sufrimiento de los mártires, que aman a Dios con todas sus fuerzas, y a los que Dios permite ese sufrimiento, hasta la muerte violenta.
- La existencia de condenados por toda la Eviternidad, que es infinitamente peor que la pérdida de cualquier vida, e incluso que el anonadamiento del mundo entero.
Esas sí podrían ser 'objeciones' (ni siquiera lo son la suma de todos los males posibles del mundo, siempre finita) a la Bondad Infinita de Dios, no la expuesta por el ateísta. En su momento procederé a resolver dichos aparentes contratestimonios.
Los humanos, en nuestra miope visión de lo existente, tendemos a declarar como el mayor mal posible para cada uno, la pérdida de su propia vida. Veamos que esto no es así, necesariamente. En efecto, después de esta vida accedemos a la Eviternidad, que es nuestro fin último.
Supongamos que tenemos dos posibilidades:
A- Morir muy jóvenes, con la muerte más atroz, pero ir al Cielo.
B- Morir de viejos cómodamente pero ir al Infierno o tener una gloria menor que en el caso A.
¿Qué preferiríamos? La psicología humana parece inclinarnos a aceptar el bien inmediato que tenemos, seguro, y prescindir o postergar el lejano, y además inseguro. Pero tratándose de bienes finitos en un caso (la vida, con cualquier suma de sufrimientos que se quiera añadir) y bienes/males infinitos en otro (la Eviternidad gloriosa, con diversa medida de bienaventuranza, o la eterna condenación), la cosa no está tan clara.
En el caso A, mi vida termina muy pronto, lo cual puedo juzgar un mal, de valor -k, con k > 0 un número real; pero voy al Cielo, luego obtengo con mi temprana muerte un bien infinito: ∞. El resultado es la suma algebraica de estos dos valores, el bien ∞ - k = ∞. En el caso B (Infierno), se me da una larga vida, que puedo valorar por k > 0; pero me espera el Infierno, que es un bien infinitamente negativo (un mal infinitamente positivo): -∞. El resultado es k - ∞ = -∞. Por lo tanto, admitiendo los casos A y B como hipótesis exhaustivas y mutuamente excluyentes (conocimiento en la presciencia divina sobre mi suerte eterna), es indudable que debo preferir, como opción más racional, A. En el caso B (gloria inferior), dado que la diferencia positiva en gloria (visión beatífica) entre dos posibles, una menor que otra, supera por definición la suma de todos los bienes posibles en el mundo, es también evidente que la elección más adecuada será la A, pues el bien de una vida más larga, k > 0 es siempre inferior a dicha diferencia positiva entre dos glorias.
4 comentarios:
Hola,soy nuevo en el blog,que bueno encontrar tu blog que trate lo divino con holgura cientifica!!!.
Bien,me quedo' pendiente una pregunta(o dos),por ejemplo 1):¿las personas que tienen una vida longeva pero desgraciada,y sin embargo sin salirse del plan de Dios,accederian a la proposicion A?.
Y otra pregunta fuera de termino,por ejemplo 2):el error o el Mal mismo,si es que son equiparables,demostraria la existencia de lo diabolico?,ya que el error/mal,si bien señalan por ejemplo un accidente,algo concreto,este es un termino que no se puede concretar en el accidente en si,ya que su propia raiz de mal es un termino/idea(ideas inmateriales?)inconcretable,entonces ¿tiene la idea del Mal una raiz inconcreta/inmaterial?,disculpa si no he sido claro,muy habitual en mi,gracias.
¡Por fin descubro su blog, Disidente! Hacía tiempo que lo buscaba y no había manera. Felicidades.
Gracias, estimado amigo. Bienvenido.
Hola,soy nuevo en el blog,que bueno encontrar tu blog que trate lo divino con holgura cientifica!!!.
Si Dios es Creador de todo lo existente no-Él (en particular del Universo material y de la inteligencia humana), también, podemos decir, la Palabra de Dios está contenida en su creación material, a la que ha dotado de leyes que el humano se esfuerza en desvelar. Y si Dios es racionalidad suprema, Λόγος máximo, nada científico puede ser ajeno a lo divino, fuente absoluta de verdad.
Bien,me quedo' pendiente una pregunta(o dos),por ejemplo 1):¿las personas que tienen una vida longeva pero desgraciada,y sin embargo sin salirse del plan de Dios,accederian a la proposicion A?.
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Es inmediato que en este caso no se cumplen las hipótesis de la proposición A (morir muy jóvenes, pero con una muerte atroz, para ir al Cielo). Lo que se deseaba decir es que, dado que esta vida es finita (y el númeo de bienes o el placer del que podemos disfrutar es finito, acotado, limitado) y dado que después accedemos a la eviternidad (de gloria, en el caso de los bienaventurados), en función de lo que hayamos hecho aquí, de la figura que nos hayamos hecho de nosostros mismos hasta el momento de la muerte, y que en una eviternidad de gloria, por definición (dado que nos permite la posesión de un Bien Infinito) supera, para cualquier intervalo de tiempo eviterno de la misma, en valor absoluto, a la suma de todos los bienes o males del mundo, si vivimos nuestra vida según el Plan de Dios, independientemente de lo que hayamos sufrido, es preferible siempre elegir esa eviternidad de gloria (aceptando las consecuencias, cualesquiera que sean) mundanas de esa elección, que optar por cualquier suma de bienes en este mundo, si ello conlleva la renuncia a la gloria eviterna. Es un simple problema matemático-teológico de decisión existencial.
Ahora bien, tener una vida desgraciada pero sin salirse del ‘plan de Dios’ (esto es, siendo fieles a Dios y sus preceptos) es, en cierto sentido, un contrasentido, porque, si Dios existe, precisamente una vida -sea como sea desde el punto de vista humano- en plenitud de Dios nunca puede ser desgraciada, sino todo lo contrario. Por ejemplo, nadie puede tener la vida más ‘desgraciada’ (longeva o no) que los mártires (*) que son sacrificados por no renunciar a su fe o no renegar de ella (una simple palabra de abdicación hubiera servido en muchos de ellos para llevar seguidamente una vida no ‘desgraciada’) y, sin embargo, son los primeros que acceden a la eviternidad de gloria. Eso no puede constituir una desgracia en absoluto.
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(*)Algunos historiadores calculan que, en las diversas persecuciones del Imperio Romano, hasta un millón de cristianos fueron martirizados por su fe. El gran matemático, físico y filósofo Blaise Pascal decía que creía de buena grado a aquellos que se dejaban matar por su fe.
Y otra pregunta fuera de termino,por ejemplo 2): el error o el Mal mismo,si es que son equiparables,demostraria la existencia de lo diabolico?
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Desde el punto de vista teológico-católico el mal (la enfermedad y la muerte) penetran en el mundo por una primigenia desobediencia/acto de soberbia suscitada por el Diablo; luego el Diablo es, teológicamente, el que propicia la caída (libre, por supuesto) del estado de gracia inicial del primer hombre.
Ahora bien, el mal no necesariamente está determinado por los demonios. No existe un Principio del Mal que se oponga (en una especie de maniqueísmo) al Bien absoluto que Dios es. Es decir, no existe el Mal absoluto, del cual los males relativos no serían sino fragmentos o participaciones del mismo. Y esto es así porque el mal es privación de un bien debido; es decir, que el mal es algo que está soportado por un ente (o conducta de ente libre) al que le falta alguna perfección que por naturaleza le corresponde. Por ejemplo, la enfermedad en un humano es un mal, pues es privación de salud, que es el estado natural del hombre. Pero que el hombre no pueda volar como un ave (por sí mismo, sin valese de algún artefacto) no constituye un mal en él, pues por su naturaleza no le corresponde tal cosa. El mal es (se da siempre) como falta o deficiencia o privación de bien en un ente (o conducta de ente) que lo soporta. Es un cierto no-ser (no deber-ser), relativo a un determinado ente (o norma axiológica). Si hubiera un mal absoluto, este sería un no-ser absoluto, una total privación de bien, y eso es la pura nada, que no existe sino conceptivamente.
El mal moral es consecuencia de la voluntad libre del hombre, que no está determinado a obrar siempre bien, porque entonces no sería libre. El mal físico es consecuencia de la necesaria finitud e indigencia ontológica de lo creado, que por su misma naturaleza es deficiente en el ser, pues es contingente. Desde el punto de vista teológico-católico, el mal haya su origen en el Pecado Original Originante.
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